Eneida
Eneida Los jefes de los dánaos, quebrantados al cabo por la guerra,
patente la repulsa de los hados —son ya tantos los años transcurridos—,
15 construyen con el arte divino de Palas un caballo del tamaño de un monte
y entrelazan de planchas de abeto su costado.
Fingen que es una ofrenda votiva por su vuelta. Y se va difundiendo ese rumor.
A escondidas encierran en sus flancos tenebrosos
20 la flor de sus intrépidos guerreros y llenan hasta el fondo
las enormes cavernas de su vientre de soldados armados.
A la vista de Troya está la isla de Ténedos, sobrado conocida por la fama.
Abundaba en riquezas mientras estuvo en pie el reino de PrÃamo,
hoy sólo una ensenada, fondeadero traidor para las naves.
Hasta allà se adelantan los dánaos y se ocultan en la playa desierta.
Nosotros nos creÃmos que ya se habÃan ido y que a favor del viento
25 habÃan puesto rumbo hacia Micenas. Y la Tróade toda se libera
