Eneida
Eneida los príncipes de Etruria y su ejército entero. Espléndidos trofeos
van portando, entregados por tu brazo a la muerte.
Tú también estarías aquí, Turno
—enorme tronco vestido de tus armas—, si él hubiera tenido tu edad
y ese vigor que dan los años. Pero ¿a qué os retengo alejados de la lucha,
175 teucros, con mi desgracia? Id y no os olvidéis
de llevarle este encargo a vuestro rey:
“Si prolongo una vida que me resulta odiosa tras la muerte de Palante,
es que fío en tu brazo; él nos debe la vida de Turno,
como ves, a hijo y a padre[373].
Es lo único que queda a tu valor y tu fortuna.
180 No le pido a la vida gozo alguno, ni me es lícito ya. Sólo quiero hacerle llegar
a mi hijo esta alegría al reino de las sombras”».
Entre tanto la Aurora había alzado en don su alentadora lumbre
a los desventurados mortales tornándoles su carga de trabajos y pesares.
