Eneida
Eneida El vulgo tornadizo se divide afanoso entre ambos pareceres.
40 Entonces Laoconte, adelantado a todos —va seguido de un espeso tropel—,
baja corriendo airado de lo alto del alcázar y de lejos:
«¿Qué enorme insensatez, desventurados ciudadanos?
¿Pensáis que se ha alejado el enemigo?
¿O suponéis que hay dádiva alguna de los dánaos que carezca de insidia?
45 ¿Esa es la idea que tenéis de Ulises?
O en ese leño ocultos encubren los aqueos su celada,
o es ingenio de guerra fabricado contra nuestras murallas
para tender la vista a nuestras casas y lanzarse de lo alto a la ciudad,
o cela alguna treta. No os fiéis, troyanos, del caballo.
Sea ello lo que fuere, temo en sus mismos dones a los dánaos».
50 Dijo y girando su imponente lanza con poderoso impulso
la disparó al costado y al armazón combado del caballo.
