Eneida
Eneida Ve Turno a los latinos quebrantados por el adverso giro de la guerra,
desfallecido su ánimo. Claman porque les cumpla las promesas
señalándole todos con los ojos. A su vista arde más implacable todavÃa
su coraje guerrero y se le yergue embravecida el alma.
5 Como en los campos púnicos el león, ¡ay!, herido por el hondo venablo
que en su pecho han clavado los monteros, se apresta al cabo a la pelea
y sacude ganoso en su erizado cuello la guedeja
y hace trizas impávido el venablo traidor
entre rugidos de sus sangrientas fauces, asà también borbotea la cólera
10 en el hirviente corazón de Turno. Al fin acude al rey
y comienza asà a hablarle enfurecido: «Nada detiene a Turno
ni hay motivo para que los cobardes seguidores de Eneas
retiren su palabra y difieran cumplir lo prometido.
Salgo a su encuentro, padre; prepara el sacrificio
