Eneida
Eneida 525 y arrastran cuanto encuentran a su paso, con no menos furor
los dos, Eneas y Turno, se abren paso en el combate.
Ahora, ahora es cuando les arde el alma en ira y les estalla
el corazón jamás vencido. Ahora es cuando concentran en herir todas sus fuerzas.
A Murrano que aireaba el antiguo abolengo de sus antepasados,
530 toda una larga estirpe procedente de los reyes latinos, lo abate de cabeza
Eneas de su carro disparándole el enorme cantero de una peña,
y lo deja tendido por el suelo y lo arrollan las ruedas debajo de las riendas
y del yugo y en rápido galope lo van pisoteando los cascos de sus propios corceles
535 olvidados de su dueño. A Hilo, que entre bravatas y bramidos
se precipita hacia él, Turno le planta cara y le dispara el tiro contra el oro
que guarnece sus sienes y por entre el almete
queda hundida la lanza en su cerebro.
Tampoco a ti, Creteo, valiente como nadie entre los griegos,