Eneida
Eneida Disfrutan tocando la maroma[32] con sus manos. Ella, amenazadora, va subiendo
240 y se va deslizando hasta el mismo centro de la ciudad.
¡Oh, patria! ¡Oh, Ilión, morada de los dioses! ¡Oh, muralla dardania
afamada en la guerra! Cuatro veces se para en el mismo dintel
de la puerta el caballo y resuenan cuatro veces las armas de su vientre.
Con todo aún apremiamos aturdidos, ciegos de frenesí.
245 Y en nuestro sacro alcázar emplazamos el monstruo de desgracia.
También entonces Casandra[33] abre sus labios anunciando los hados inminentes,
labios nunca creídos de los teucros por mandato de un dios.
Nosotros desdichados —aquel sería el último día de nuestra vida—
vamos por la ciudad enguirnaldando los templos de los dioses.
250 Gira entre tanto el cielo e irrumpe del Océano la noche
envolviendo en el ruedo de su sombra la tierra, el firmamento
