Eneida
Eneida Queda aterrado y echa pie y voz atrás al mismo tiempo,
como aquel que a través de espesas zarzas ha pisado una culebra sin verla
380 al apoyar la planta firme en tierra y temblando de pavor, de repente retrocede
ante ella, que se yergue furiosa dilatando su cuello verdinegro,
así aterrorizado a nuestra vista Andrógeo se alejaba.
Nos lanzamos tras él. Nos desplegamos alrededor en círculo de hierro.
Y como no conocen el lugar y son presa del pánico,
los tendemos por tierra acá y allá,
385 la suerte favorece nuestra primera empresa.
Y Corebo exultando por el éxito, embravecido el ánimo:
«¡Compañeros —prorrumpe—, por donde la fortuna
empieza a señalarnos camino salvador,
por donde se nos muestra favorable,
sigamos adelante! Cambiemos los broqueles,
equipémonos con los arreos griegos. Si es valor o traición
390 ¿quién va a inquirirlo en un lance de guerra?