La Eneida
La Eneida 25
Asà toda Eucria se vio libre al fin de un duelo ya largo;
se abren las puertas, da gusto pasear contemplando
las tiendas de los dorios y ver desierto el lugar y la playa vacÃa:
aquà la tropa de los dólopes, aquà Aquiles cruel acampaba;
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aquà el lugar de los barcos, aquà en formación peleaban.
Unos sin habla contemplan de Palas fatal el regalo,
asombrados del tamaño del caballo, y el primero Timetes
ordena pasarlo a los muros y ponerlo en lo alto,
bien por engaño bien que ya asà lo cantaba el destino de Troya.
Capis no obstante y los de mejor opinión en la mente
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nos mandan arrojar al mar la trampa del dánao
y el extraño presente y quemarlo con fuego debajo,
o perforar los huecos de su panza buscando escondrijos.