La Eneida
La Eneida no me vería entonces de esta manera atrapada y abandonada."
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Dijo. Él no apartaba sus ojos de los mandatos
de Júpiter y a duras penas ocultaba el dolor en su corazón.
Responde por fin en pocas palabras: "Yo a ti de cuanto
puedas decir, reina, nunca te negaré
merecedora, ni me avergonzará acordarme de Elisa
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mientras de mí mismo tenga memoria, mientras un hálito gobierne mis miembros.
Poco añadiré en mi defensa. Ni yo traté de ocultar mi huida
con una estratagema (no inventes), ni nunca del esposo
te ofrecí las antorchas o me comprometí a pacto tal.
Yo, si mis hados me permitieran guiar mi vida