La Eneida
La Eneida allá va volando Diores que le va pisando los talones
atacándole con el hombro, y si hubiera más sitio
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se escaparía al lugar mejor y lo dejaría inseguro.
Y ya en el tramo final y cansados se aproximaban
a la misma meta cuando el desgraciado Niso resbala
en la sangre viscosa que inmolados los novillos por caso
había caído al suelo y empapado las verdes hierbas.
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Aquí el joven ya triunfante vencedor no dominó sus pasos
vacilantes al pisar sobre el suelo y cayó de cabeza
sobre él en el inmundo fimo y en la sangre sagrada.
Mas no de Euríalo, no se olvidó aquél de sus amores:
pues alzándose del charco se puso frente a Salio
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y éste cayó dando vueltas en la espesa arena