La Eneida
La Eneida Dédalo, según es fama, huyendo del reino de Minos
osó lanzarse al cielo con plumas veloces
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por un camino nuevo y bogó hasta las Osas heladas,
y sobre la roca calcídica se detuvo al fin suavemente.
En cuanto regresó a estas tierras te consagró, Febo,
los remos de sus alas y te levantó un templo enorme.
En las puertas la muerte de Andrógeo; los Cecrópidas luego
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obligados a pagar el castigo (¡qué desgracia!) todos los años
de siete de sus hijos; allí se ve la urna con las suertes echadas.
Enfrente corresponde asomando por el mar la tierra cnosia:
aquí el amor salvaje por el toro y uniéndosele a escondidas
Pasífae, y la híbrida estirpe y la prole biforme,