La Eneida
La Eneida Si así no hiciera, en su arrebato se llevarían los mares sin duda
y las tierras y el cielo profundo y los arrastrarían por los aires.
Pero el padre todopoderoso los escondió en negros antros,
60
eso temiendo, y la mole de un monte elevado
puso encima y les dio un rey que con criterio cierto
supiera sujetar o aflojar sus riendas según se le ordenase.
Y a él entonces Juno se dirigió suplicante con estas palabras:
"Éolo (pues a ti el padre de los dioses y rey de los hombres
65
te confió calmar las olas y alzarlas con el viento),
un pueblo enemigo mío navega ahora por el mar Tirreno,
y se lleva a Italia Ilión y los Penates vencidos.
Insufla fuerza a tus vientos y cae sobre sus naves, húndelas,
o haz que se enfrenten y arroja sus cuerpos al mar.