La Eneida
La Eneida 95
a la vista de sus padres. ¡Oh, el más valiente de los dánaos,
Tidida! ¡Y no haber podido yo caer de Ilión en los campos
a tus manos y que hubieras librado con tu diestra esta alma mÃa
donde fue abatido el fiero Héctor por la lanza del Eácida,
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donde el gran Sarpedón, donde el Simunte arrastra
en sus aguas tanto yelmo y escudo, y tantos cuerpos esforzados!"
Cuando asà se quejaba un estridente golpe del Aquilón
sacude de frente la vela y lanza las olas a las estrellas.
Se quiebran los remos, se vuelve la proa y ofrece
el costado a las olas, viene después enorme un montón de agua;
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unos quedan suspendidos en lo alto de la ola; a estos otros se les abre el mar