La Eneida
La Eneida no ven, encerradas en las tinieblas y en una cárcel ciega.
Y así, cuando en el día supremo las deja la vida,
735
no por ello todo mal abandona a las desgraciadas
ni del todo el contagio del cuerpo, y es bien natural
que misteriosamente arraiguen muchas adherencias.
De modo que se las prueba con penas y de antiguas culpas
sufren el castigo. Unas colgadas se abren
740
a los vientos inanes, de otras en vasto remolino
se lava el crimen infecto o con fuego se quema;
cada cual padecemos los propios Manes; después se nos suelta
por el Elisio anchuroso, y unos cuantos ocupamos los campos felices
hasta que el largo día, cumplido el ciclo del tiempo,