La Eneida
La Eneida las armas de los hombres, los tablones y el tesoro troyano entre las olas.
Ya la nave poderosa de Ilioneo, ya la del fuerte Acates
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y la que lleva a Abante y la de Aletes el anciano
la tempestad las vence; por las maderas sueltas de los flancos
reciben todas el agua enemiga y se abren en rendijas.
Entretanto Neptuno advirtió por el ruido tan grande que el mar se agitaba,
se desataba la tormenta y el agua volvía de los profundos abismos
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y, gravemente afectado, miró desde lo alto
sacando su plácida cabeza por encima del agua.
Ve por todo el mar la flota deshecha de Eneas,
y a los troyanos atrapados por las olas y la ruina del cielo;
y no se le escaparon al hermano las trampas y la ira de Juno.
Así que llama ante él al Céfiro y al Euro, y así les dice: