La Eneida
La Eneida 865
Pero una negra noche de triste sombra vuela en torno a su cabeza."
A lo que el padre Anquises sin contener las lágrimas repuso:
"¡Ay, hijo! No preguntes por un gran duelo de los tuyos;
los hados lo mostrarán a las tierras sólo y que más sea
no habrán de consentir. La descendencia romana demasiado poderosa
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os parecerÃa, dioses, si hubiera contado con este presente.
¡Cómo se llenará de gemidos de hombres el campo aquel
junto a la gran ciudad de Marte! ¡Y qué funerales verás,
Tiberino, cuando pases lamiendo el túmulo reciente!
Ningún hijo del pueblo troyano hará llegar tan lejos
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