La Eneida
La Eneida se vio (¡qué espanto!) que un fuego prendía en el largo cabello
y ardía todo su tocado entre llamas crepitantes,
abrasado su pelo de reina, abrasada la corona
75
cuajada de gemas; llena de humo, entonces, la envolvía
una luz amarilla y extendía a Vulcano por toda la casa.
Contaban esta visión como algo horrible y asombroso,
pues anunciaba que ilustre y famoso sería su propio
destino, pero que gran guerra habría de traer a su pueblo.
80
Entonces el rey, preocupado por estos fenómenos, de Fauno el oráculo,
su padre clarividente, busca y consulta los bosques
al pie de la alta Albúnea, donde resuena la mayor de las selvas
con su fuente sagrada que, sombría, exhala terribles vapores.
Aquí los pueblos de Italia y toda la tierra de Enotria