La Eneida
La Eneida deja ahora el combate, muchacho." Tras comenzar así, Apolo
dejó su aspecto mortal en medio del discurso
y escapó hacia el aire sutil, lejos de los ojos.
Reconocieron al dios los jefes dardanios y las divinas
flechas oyeron resonar en la huida y su aljaba.
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Y así, con sus palabras y por la voluntad de Febo
alejan a Ascanio ávido de pelea, yvuelven ellos mismos
de nuevo al combate y lanzan sus almas a peligros abiertos.
En todo el muro sale el clamor por los bastiones,
tensan los arcos fieros y retuercen los amientos.
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Todo el suelo se cubre de flechas y los escudos y los cavos
yelmos resuenan con los golpes; se traba un áspero combate.