La Eneida
La Eneida No podía yo olvidarte, fortísimo en la guerra Cúnaro,
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jefe de los lígures, y Cupavón, seguido de pocos,
en cuya cabeza se yerguen las plumas del cisne
(Amor, vuestro crimen) y el recuerdo de la forma paterna.
Pues cuentan que Cicno de duelo por el amado Faetonte,
entre las frondas de los chopos y la sombra de sus hermanas
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mientras canta y consuela su triste amor con la Musa,
alcanzó una canosa vejez de blanda pluma,
dejando las tierras y ganando con su voz las estrellas.
Su hijo, acompañando a tropas de su edad en la flota,
impulsa con los remos el enorme Centauro: altísimo
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