La Eneida
La Eneida las quebradas de los montes, mientras estrellas alimente el cielo,
permanecerá siempre el honor y la gloria de tu nombre,
sea cual sea la tierra que me llama." Así que habló, al amigo
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Ilioneo buscó con su diestra y con la izquierda a Seresto,
y a los demás después, y al valiente Gías y al valiente Cloanto.
Sin aliento se quedó la sidonia Dido, por la visión primero,
después por tanta desventura del héroe y así habló con su boca:
"¿Qué desventura, hijo de la diosa, en medio de tan grandes peligros
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te persigue? ¿Qué fuerza te arroja a riberas salvajes?
¿No eres tú aquel Eneas que la madre Venus al dardanio