Candido. Micromegas. Zadig
Candido. Micromegas. Zadig Visita a casa del señor Pococurante[1], noble veneciano
CÁNDIDO y Martín fueron en góndola por el Brenta, y llegaron al palacio del noble Pococurante. Los jardines estaban bien cuidados y adornados con bellas estatuas de mármol; el palacio, de bella arquitectura. El dueño de la casa, hombre de sesenta años, muy rico, recibió muy cortésmente a los dos curiosos, pero con muy poca solicitud, lo cual desconcertó a Cándido y no disgustó a Martín.
Primero, dos hermosas doncellas bien ataviadas sirvieron chocolate, al que batieron muy bien. Cándido no pudo dejar de alabar su belleza, su amabilidad, y su habilidad. «Son criaturas bastante buenas, dijo el senador Pococurante; las acuesto a veces en mi cama, pues estoy harto de las damas de la ciudad, de su coquetería, de sus celos, de sus disputas, de su mal humor, de sus pequeñeces, de su orgullo, de sus necedades, y de los sonetos que hay que hacer o encargar para ellas; pero, realmente, estas dos doncellas empiezan a aburrirme mucho.»
