Candido. Micromegas. Zadig
Candido. Micromegas. Zadig Conclusión
CÁNDIDO, en el fondo del alma, no tenía ninguna gana de casarse con Cunegunda, pero la extrema impertinencia del barón le determinaba a concluir la boda, y Cunegunda le apremiaba tan vivamente que no podía desdecirse. Consultó a Pangloss, a Martín y al fiel Cacambo. Pangloss hizo una bella memoria en la cual probaba que el barón no tenía ningún derecho sobre su hermana, y que ella podía, según todas las leyes del Imperio, hacer con Cándido un matrimonio de la mano izquierda[1]. Martín resolvió tirar al barón al mar; Cacambo decidió que había que devolvérselo al patrón levantino, y volver a ponerlo en galeras, tras lo cual se lo mandarían al padre general, a Roma, en el primer barco. Encontraron muy bueno este parecer; la vieja lo aprobó; no se le dijo nada a la hermana; se ejecutó la cosa merced a algún dinero, y tuvieron el placer de pillar a un jesuita y de castigar el orgullo de un barón alemán.
