Micromegas
Micromegas Al llegar a Ispahán me preguntaron si era partidario del carnero negro o del carnero blanco. Respondí que me daba igual el uno que el otro, mientras fuesen tiernos. Conviene saber que los bandos del Carnero blanco y del Carnero negro dividían aún a los persas. Creyeron que tomaba a burla a ambos partidos, con lo que me encontré con un asunto espinoso encima en las mismas puertas de la ciudad. Librarme de los carneros me costó otro buen pellizco de cequíes.