El circulo carmesi
El circulo carmesi Levantó la vista y descubrió que Parr tenÃa los ojos fijos en él.
—No pretendo ser un parapsicólogo —dijo lentamente el detective—, pero creo que estaba usted pensando en Thalia Drummond.
—Asà es —admitió el joven—. Señor Parr, ¿cree usted que realmente es tan mala como aparenta?
—Si lo que me está preguntando es si creo que robó el Buda de Froyant, sólo puedo decirle que no una cuestión de creer o no creer: estoy seguro.
Jack se quedó en silencio. Nunca podrÃa convencer a aquel sólido individuo de la inocencia de la joven y, de todos modos, él mismo reconocÃa que era una locura defender su inocencia cuando la joven habÃa reconocido su culpabilidad.
—SerÃa mejor que guardaran silencio —dijo Yale al otro lado de la puerta. Parr gruñó una respuesta.
A partir de ese momento, mantuvieron un silencio sepulcral. PodÃan oÃr a Yale moviéndose por la habitación, pero pronto permaneció callado él también, ya que se aproximaba la hora. El inspector Parr sacó su reloj del bolsillo y lo depositó sobre la mesa: las manillas señalaban las tres y media. Era la hora en la que se suponÃa que el mensajero debÃa de llegar. Parr se sentó de nuevo, con la cabeza echada hacia adelante, escuchando, pero no se percibÃa nada que anunciara un ataque inminente.