El circulo carmesi
El circulo carmesi Ella miró a su alrededor y después se levantó con evidente recelo.
Era extraordinariamente bella, con cabellos dorados y piel impecable, pero no habÃa atisbos[14] de bienvenida alguna en sus ojos, cuando él se acercó.
—Buenos dÃas —dijo ella frÃamente.
—Buenos dÃas, Thalia —dijo él y ella volvió a fruncir el ceño.
—Ojalá no fuera usted asà —dijo ella y él adivinó lo que querÃa decir. Su actitud hacia él lo desconcertaba y preocupaba, porque ella era un ser alegre, de gran vitalidad. En cierta ocasión la habÃa sorprendido persiguiendo a una liebre y habÃa contemplado embelesado la figura de esta Diana[15] sonriente, mientras sus piececitos se deslizaban por la hierba en persecución del astuto animal. La habÃa oÃdo cantar, y la inmensa alegrÃa de la vida vibraba en su voz…, pero también la habÃa visto tan deprimida y triste que habÃa temido que estuviera enferma.
—¿Por qué es siempre tan frÃa y formal conmigo? —se lamentó.
Por un instante, un inicio de sonrisa se perfiló en un ángulo de su boca.
—Porque he leÃdo libros[16] —dijo solemnemente—, ¡y las secretarias que no son frÃas y formales con hijos de millonarios acaban mal, por lo general!