El circulo carmesi
El circulo carmesi —Éste es el señor Marl, lo conozco. Marl, ¿vio usted a alguien junto a ese árbol?
El hombre movió la cabeza. ParecÃa que el árbol y su secreto eran un misterio para él.
—No sabÃa que ahà hubiera un árbol —dijo—. ¿Qué…, qué ha sucedido?
—Nada —dijo Harvey Froyant bruscamente.
Se dirigieron hacia la casa poco después. Jack llevaba el bolso del visitante; no le impresionaba la apariencia del voluminoso individuo. Su voz era tosca; sus modales, ordinarios, y Jack se preguntó qué clase de relación podrÃa tener su padre con un individuo tan desmañado[20].
Se estaban acercando a la casa cuando, de súbito y sin razón aparente, el robusto señor Marl emitió un grito de terror y retrocedió bruscamente. No cabÃa duda de su espanto: estaba visiblemente escrito en las pálidas mejillas y en los labios estremecidos del hombre, que temblaba de pies a cabeza.
Jack sólo podÃa mirarlo con extrañeza…, e incluso Harvey Froyant estaba asombrado.
—¿Qué diablos le pasa, Marl? —preguntó con aspereza.
Sus propios nervios estaban crispados y la visión del manifiesto terror de un hombre de ese tamaño era una tensión añadida, difÃcil de soportar.