El circulo carmesi
El circulo carmesi —Y el señor Willings me rogó encarecidamente que fuera a comer con él —dijo Thalia, esbozando una sonrisa inocente—. Y, como es un miembro del Gobierno, estoy segura de que a usted no le hubiera gustado nada que yo me negara a ir.
—¿Cómo conoció al señor Willings?
Ella lo miró de arriba a bajo con aquella mirada frÃa e insolente que la caracterizaba.
—Hay muchas formas de conocer a un hombre —dijo—. Una puede anunciarse en las revistas especializadas en matrimonio, puede encontrarse con alguno de ellos en un parque, o puede ser presentada. Yo fui presentada al señor Willings.
—¿Cuándo?
—Anoche —dijo—, sobre las dos de la madrugada. A veces voy a bailar al Club Merros —explicó—. Es una diversión que a mi edad bien puede disculparse. Allà fuimos presentados.
Yale sacó algo de dinero de su cartera y lo dejó sobre la mesa.
—Aquà tiene el salario de esta semana, señorita Drummond —dijo sin acalorarse—. No precisaré de sus servicios a partir de esta tarde.
Thalia arqueó las cejas.
—¿No iba usted a reformarme? —preguntó con una seriedad que cogió desprevenido al detective. Luego se echó a reÃr.