El circulo carmesi
El circulo carmesi Habían aparecido misteriosamente tres hombres en la habitación (los mismos que habían capturado al espía de Parr, dos noches antes), y en un santiamén Yale quedó esposado de pies y manos. Una diestra mano le extrajo de un tirón la pistola que llevaba en el bolsillo. Un tercer hombre le lanzó a la cabeza un saco y lo sacaron apresuradamente de la estancia.
El inspector Parr se enjugó el sudor que le perlaba la frente y se dirigió a su asombrado auditorio.
—Señores —dijo, con voz temblorosa—, si tienen ustedes la bondad de excusarme esta noche, completaré mañana el resto de la historia.
Ellos lo rodearon, abrumándolo a preguntas, pero él sólo se sintió capaz de negar con la cabeza.
—Ha pasado muy mal rato —era la voz del coronel—, y nadie lo sabe mejor que yo. Le quedaría muy agradecido, señor Primer Ministro, si accediera a la petición del inspector, permitiendo que las explicaciones que restan se aplacen hasta mañana.
—Quizás el inspector quiera almorzar con nosotros —propuso el Primer Ministro, y el comisario aceptó en nombre de Parr.
Cogido al brazo de Jack, el inspector Parr abandonó la habitación y salieron a la calle. Un taxi los esperaba y Parr empujó dentro al joven sin ceremonias.