El circulo carmesi
El circulo carmesi El comisario pasó los ojos sobre el recorte de periódico que había ante él, mientras se atusaba el bigote cano. El inspector Parr, conocedor de los síntomas, lo observaba con desinterés aparente.
Parr era un hombre menudo y grueso, tan corto de estatura que resultaba sorprendente que hubiera satisfecho las rigurosas exigencias de las autoridades policiales. Estaba en el umbral de los cincuenta, aunque su rostro grande y sonrosado no tenía una sola arruga, pero tampoco había en él señal alguna de inteligencia o refinamiento. Los ojos, redondos y saltones, similares a los de los bóvidos por su falta de expresión, la enorme y carnosa nariz, las mofletudas mejillas, abolsadas bajo las mandíbulas, y la cabeza medio calva eran otros rasgos que conformaban su inexpresividad.
El comisario recogió el recorte.
—Escuche esto —dijo con severidad, y comenzó a leer.
Era un editorial del Morning Monitor[22], sincero hasta un grado ofensivo.