El circulo carmesi
El circulo carmesi »Derrick Yale se hallaba seguramente al final de un macizo de arbustos y a Marl le bastó verlo un instante para volverse en tren de inmediato, presuntamente en dirección a Londres, pero apeándose en realidad en la primera parada, preso del pánico y resuelto a matar a Lightman antes de que Lightman lo matara a él. Pero su valentía debió abandonarlo. No era lo que se dice un hombre valeroso, y en lugar de aquello escribió una carta a Yale y la introdujo por una ventana… Yale leyó la carta y la quemó a medias. No sabría decirles el contenido de la carta, salvo que si a él, a Marl, se le dejaba en paz, él dejaría en paz a Yale. Él no podía saber qué es lo que Yale hacía allí, naturalmente. Las palabras «pabellón B» se referían, sin duda, a un pabellón de la cárcel de Toulouse.
»Desde aquel momento, Marl fue un hombre abocado a la muerte. Estaba implicado, por su cuenta y riesgo, en un pequeño negocio de chantaje contra Brabazon, agente del Círculo Carmesí. Brabazon tuvo que notificar el peligro a Yale, quien, en su calidad de detective, visitaba el establecimiento adonde llegaban todas las comunicaciones dirigidas al Círculo Carmesí y, con el pretexto de ayudar a la justicia, las abría, enterándose así de su contenido, sin asumir la responsabilidad de ser el destinatario.