El circulo carmesi
El circulo carmesi El señor Marl tuvo que atravesar toda la planta para salir del banco y se detuvo a observar las dos hileras de ventanillas sin distinguir el rostro de la muchacha que estaba buscando. Al final del mostrador habÃa un compartimento cuya ocupante permanecÃa oculta a las miradas gracias a unos cristales opacos. La puerta estaba entreabierta y Marl se encaminó hacia allá en cuanto la divisó. Una muchacha sentada ante una máquina de escribir lo miraba con curiosidad.
Thalia Drummond levantó la vista desde su escritorio y se encontró con la cara grande y sonriente de un hombre que la observaba.
—¿Está muy ocupada, señorita Drummond?
—Mucho —replicó ella, aunque no parecÃa molesta por la intrusión.
—No se divierte mucho aquÃ, ¿verdad? —preguntó él.
—No demasiado.
Los ojos oscuros de la joven lo contemplaban inquisitivos.
—¿Qué le parece salir a cenar una de estas noches y acudir después a un espectáculo? —preguntó Marl.
Los ojos de la joven recorrieron su figura, desde el pelo teñido hasta las botas laboriosamente lustradas.