El hombre siniestro
El hombre siniestro Luego, levantándose fatigosamente, añadió:
—Bien, ya nos veremos en la oficina. ¡Piense en mi proposición, querida Elsa!
Apenas se había cerrado la puerta tras él la muchacha salió de la casa y subió a un autobús del Este, que la llevó casi a las mismas puertas de las oficinas de la Amery-Corporation.