El hombre siniestro
El hombre siniestro —No, mayor. Es muy caro. Pasaré una semana en casa de una amiga, y luego pienso instalarme en un piso. La policÃa me ha echado de la casa de mister Tarn, y hoy iré allá a recoger mis cosas. Dicen que más adelante venderán los muebles en pública subasta. Por eso quisiera marcharme esta noche temprano… si me hace usted el favor.
—Desde luego, no faltarÃa más. ¿Sabe el doctor Hallam que va usted esta noche a la casa de su tÃo?
Elsa le miró frunciendo el ceño. La verdad era que aquel hombre hacÃa unas preguntas muy ofensivas.
—El doctor Hallam no sabe nada ni tiene por qué acompañarme —respondió en tono seco—. Mister Hallam es un buen amigo nuestro, pero nada más, y yo no le necesito para hacer lo que me convenga. ¿Por qué me habla usted siempre del doctor, mister Amery?
—¡Oh, por nada! ¡Me divierte ese hombre! —contestó el mayor, en tono de broma.