El hombre siniestro
El hombre siniestro —Desde luego. Yo que tú no la dejarÃa ir a la comida de mañana. Porque el banquero será casado, ¿no?
—No. Mister Tupperwill es de la clase de hombres que mueren solteros.
—¿Cómo que no se casan? Estos hombres permanecen solteros hasta los cincuenta o sesenta años y entonces caen en brazos de la primera corista que les cuenta su triste historia. Es muy rico, ¿verdad?
—Inmensamente rico.
Louise miró fijamente a su marido, y luego preguntó:
—¿Y tú eres rico. Ralph?
El hombre la miró extrañado y le preguntó:
—¿Qué quieres decir?
—¡Demonio, me parece que hablo bien claro! Que si eres rico.
—Pues mira, no tan rico como espero serlo dentro de una semana, en que tendré millón y pico de dólares. A decir verdad, un millón ciento sesenta y cuatro mil dólares.
Ésa era la cifra que mencionaba el pequeño memorándum hallado en la caja fuerte de mister Tarn. El dinero no se encontraba, de momento. Pero el doctor se decÃa que, haciendo un registro a fondo en el despacho de Paul Amery, acabarÃa por dar con el dinero, que habÃa sido robado sin duda alguna.