El hombre siniestro
El hombre siniestro —¡Mire! El garaje está al fondo del jardÃn, donde decÃa la muchacha, amigo Bickerson; y aquÃ, en la pared, mire la argolla que decÃa miss Marlowe, y a la que ataron la cadena… ¡Ah, mire aquÃ…!
Señaló unas manchas de sangre en la pared y en el suelo. Luego, volviéndose hacia los dos obreros, que estaban en la puerta del garaje, les ordenó:
—¡Vayan ustedes abriendo el foso y caven hasta que encuentren las tuberÃas del gas y las alcantarillas! Nosotros esperaremos aquà fuera, en el jardÃn.
—¿Usted cree que Amery ha muerto? —preguntó Bickerson.
—Pues ya ve usted —respondió el jefe—, ayer estaba seguro de que sÃ; pero hoy ya no lo estoy tanto. DÃgame. Bickerson, ¿usted hizo vaciar ese foso del garaje?
—SÃ, señor.
—¿Del todo?
—Del todo. Los hombres cavaron hasta encontrar las tuberÃas.
—¿Y cuándo fue?
—Ayer por la mañana, temprano. SerÃan las ocho.
—¿Y no encontraron ustedes nada?
—Nada.
—Y después hizo usted que volvieran a rellenarlo, ¿no es as�