El hombre siniestro
El hombre siniestro —¡Adelante! —dijo Elsa sin levantar la vista al oÃr unos golpecitos en la puerta.
Luego levantó los ojos y vio en el umbral a una mujer joven y elegante, que preguntó con dulce sonrisa:
—El despacho de mister Amery, ¿verdad?
Y antes de que Elsa, que habÃa asentido, pudiera contestar, la desconocida avanzó hacia ella, tendiéndole la mano derecha enguantada y añadiendo:
—Miss Elsa Marlowe, ¿no es cierto?
—En efecto, señora —respondió la muchacha—, ése es mi nombre.
—Yo soy Louise Hallam, mistress Trene Hallam. Ralph me ha hablado de usted y…
—¡Ah, ya! —exclamó Elsa sonriendo dulcemente—. ¿Usted es la cuñada de Ralph?
—En efecto, amiga mÃa. Yo me casé con su hermano, ¡el hombre más bueno…! ¡Demasiado bueno para este mundo! —Se enjugó una lágrima oportuna con un pañuelo de encajes, y añadió, siempre con tono doliente—: ¡Los buenos mueren jóvenes, ya se sabe! ¡Mi pobre marido tenÃa treinta años! Era algo más joven que Ralph. ¡Un santo! ¡Qué despacho tan bonito! ¿Quiere usted anunciarme al mayor Amery? Fuimos muy amigos en la India. Mi marido me envió allà una temporada.
Suspiró de nuevo. Elsa le preguntó:
