El hombre siniestro

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14. Ocultando al mayor Amery

Aquella tarde, mister Maurice la pasó pensando en los consejos del doctor Hallam. Maurice tenía ahora cincuenta y seis años, y la vida era más amable que nunca.

De pronto, le trajeron un cablegrama, que causó una honda impresión al viejo. El cable estaba cifrado. El remitente era un japonés, rico comerciante, con quien él había tenido ciertos tratos relacionados con su lamentable sindicato. Pero lo que impresionó más a Tarn fue encontrar un nombre inglés en el cable: «Soyoka». Por una equivocación, el cable iba dirigido a Soyoka y a su gente.

El descubrimiento le hizo estremecer de alegría. ¡Tenía a sus enemigos en la mano! Se iluminó el rostro, los ojos le brillaron y experimentó una alegría como jamás había experimentado.

En esta actitud le sorprendió Elsa poco después, cuando fue a anunciarle que aquella noche pensaba salir de casa.

El viejo no contestó, como si sus pensamientos y su espíritu estuvieran en otro lugar.

La muchacha se alejó, creyéndole borracho como de costumbre.

Al volver hacia su casa, Elsa se encontró con Ralph Hallam, quien la acompañó por Cheapside.


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