¿Amar o depender?
¿Amar o depender? El apego afectivo adopta múltiples formas según las carencias y esquemas mentales de cada persona. No todos se apegan por las mismas razones, pero todos lo hacen por miedo: miedo a estar solos, a no ser amados, a perder la estabilidad, a no valer por sí mismos. Cada uno de estos temores da lugar a un tipo de apego particular, una adicción emocional que responde a una necesidad específica.
Quien teme a la inseguridad se aferra a la pareja como fuente de protección. No busca tanto amor como resguardo; su pareja representa un refugio frente a un mundo percibido como hostil. Otro se apega a la estabilidad emocional: la rutina, la predictibilidad y la presencia constante del otro le dan paz, aunque la relación esté vacía o dañada. En otros casos, la adicción se centra en la necesidad de afecto: los gestos de cariño son medidores de autoestima, y sin ellos, la persona se siente invisible.
Algunos se apegan a la admiración, porque necesitan sentirse valiosos a través de los ojos del otro. El halago se convierte en droga, y quien admira se transforma en indispensable. También está el apego al placer: al sexo, los mimos, la compañía o la convivencia tranquila. En estos casos, la relación es una fuente de gratificación que se vuelve imprescindible.
