Aprendiendo a quererse a sí mismo
Aprendiendo a quererse a sí mismo Sin embargo, muchas personas viven al margen de sí mismas. Se vuelven expertas en cuidar a otros, pero son miserables consigo. No se dan gusto, no se felicitan, no se permiten descansar sin culpa. La vida se convierte en una cadena de deberes y obligaciones, donde el tiempo libre es considerado una pérdida ociosa. El miedo al placer ha creado una cultura de la autoexigencia sin pausas, donde sentirse bien parece pecado.
Esta miseria afectiva autoinfligida es peligrosa: se pierden la alegría, la espontaneidad, la capacidad de disfrutar. La autoestima se activa cuando se reconocen y se celebran los logros propios, cuando se deja de postergar la satisfacción indefinidamente. Quien no se premia se vuelve insensible, gris, ajeno a sí mismo. Para vivir con intensidad es necesario bajarse del tren del deber y recuperar el arte de complacerse, sin miedo ni justificaciones. El amor propio es una práctica, no una idea.
La seguridad personal no depende de lo que otros opinen o decidan. Quien basa su valor en la aprobación externa, queda atrapado en una montaña rusa emocional: se eleva cuando lo alaban, se desploma ante la crítica o el rechazo. La autosuficiencia emocional implica recuperar el timón de la propia vida, dejando de ser víctima de circunstancias, personas o pasados que ya no pueden cambiarse. No es arrogancia, es autonomía.
