El alimento de los dioses
El alimento de los dioses ¡Y, con todo, los escollos de la ciencia que estos minúsculos «cientÃficos» han construido y están todavÃa construyendo es algo maravilloso, portentoso, lleno de misteriosas promesas aún informes para el potente futuro del hombre! ¡Parece como si no se dieran cuenta de las cosas que están haciendo! No existe duda de que tiempo atrás, hasta Bensington, cuando sintió aquella vocación, cuando consagró su existencia a los alcaloides y compuestos similares, tuvo un destello de la visión… o algo más que un destello. Sin semejante inspiración para alcanzar las glorias y posiciones que únicamente como «cientÃfico» pueden esperarse, ¿qué joven consagrarÃa su vida a semejante obra, tal como lo hacen en realidad los jóvenes? No; todos ellos deben haber visto la gloria, tienen que haber tenido su visión, pero de tan cerca que los ha cegado. El esplendor los ha cegado, piadosamente, de modo que durante todo el resto de la vida puedan sostener las luces del conocimiento con tanta facilidad para que nosotros las podamos ver. Tal vez esto explique aquella sombra de preocupación en Redwood —ahora no puede haber la menor duda de ello—, ya que él era distinto a todos sus colegas, puesto que conservaba en los ojos algo de esa visión.