El alimento de los dioses
El alimento de los dioses La idea fue de Bensington. Pero, como que le habÃa sido sugerida por una de las contribuciones del profesor Redwood a los Anales Filosóficos, consultó con este otro caballero antes de llevar las cosas más adelante. Aparte el asunto, como investigación, tenÃa tanto de filosófico como de quÃmico.
El profesor Redwood era uno de esos hombres de ciencia adictos en grado sumo a los gráficos y las curvas. Ya os habréis familiarizado —si pertenecéis a la clase de lector que yo espero— con la clase de artÃculo cientÃfico a que me refiero. Es un artÃculo sin pies ni cabeza, al final del cual aparecen cinco o seis diagramas plegados que al abrirse muestran unas peculiarÃsimas gráficas en zig-zag, elaborados relámpagos u otras lÃneas sinuosas e inexplicables llamadas «curvas alisadas» colocadas según las ordenadas y arraigadas en las abscisas…, y otras cosas parecidas. Os quedáis perplejos ante todo aquello durante un buen rato, con la sospecha de que no sólo sois vosotros los que no entendéis nada, sino que ni su mismo autor lo entiende. Pero, en realidad, lo cierto es que muchos de esos cientÃficos comprenden perfectamente el significado de sus propios artÃculos. Es, sencillamente su forma de expresarlo lo que levanta el obstáculo entre ellos y nosotros.
