El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Luego Evans empezó a jurar, a despotricar y a dar patadas contra el suelo. Hooker se puso blanco, pero no dijo nada. Avanzó hacia el cuerpo postrado. Vio que tenía el cuello hinchado y de color púrpura, y las manos y los tobillos tumefactos.
—¡Puaf! —exclamó.
Se volvió bruscamente y fue hacia la excavación. Dio un grito de sorpresa. Voceó a Evans que le seguía despacio.
—¡Tonto! No pasa nada. Todavía está aquí.
Luego se volvió de nuevo a mirar al chino muerto y otra vez al hoyo. Evans se apresuró hacia el hoyo. Ya medio desenterradas por el condenado infeliz yacían junto a ellos unas cuantas deslustradas barras amarillas. Se agachó sobre el hoyo y, limpiando el suelo con las manos desnudas, precipitadamente sacó una de las pesadas masas. Al hacerlo un pequeño espino se le clavó en la mano. Sacó el delicado pincho con los dedos y levantó el lingote.
—Sólo el oro o el plomo pueden pesar así —dijo exultante.
Hooker estaba todavía pasmado mirando al chino muerto.
—Se adelantó a sus amigos —dijo por fin—. Vino aquí solo y alguna serpiente venenosa lo picó. Me pregunto cómo encontró el sitio.