El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo El primer impulso de la señora Cave tan pronto como el cuerpo de Cave estuvo en el piso de arriba, había sido el de escribir al loco clérigo que había ofrecido cinco libras por el cristal, informándole de su recuperación, pero tras una violenta búsqueda en la que se le unió su hija se convencieron de que habían perdido la dirección. Como no disponían de los medios necesarios para llorar y enterrar a Cave con el esmerado estilo que exige la dignidad de un antiguo habitante de los Siete Cuadrantes, habían apelado a un anticuario amigo de la calle Great Portland, quien amablemente se había hecho cargo de parte de las mercancías a precio de tasación. La tasación la había hecho el mismo y el huevo de cristal estaba incluido en uno de los lotes. El señor Wace, después de las condolencias pertinentes, expresadas, quizá, un poco bruscamente, marchó de inmediato y apresuradamente a la calle Great Portland. Pero allí se enteró de que el huevo de cristal ya había sido vendido a un hombre alto y moreno, vestido de gris. Y ahí terminan súbitamente los hechos materiales de esta historia curiosa y, al menos para mí, muy sugestiva. El anticuario de la calle Great Portland no sabía quién era el hombre alto vestido de gris, ni lo había observado con la suficiente atención como para describirlo minuciosamente. Ni siquiera sabía qué dirección había tomado al salir de la tienda. Durante un tiempo el señor Wace permaneció en la tienda poniendo a prueba la paciencia del anticuario con inútiles preguntas, desahogando su propia exasperación. Por fin, dándose cuenta repentinamente de que todo el asunto se le había ido de las manos, había desaparecido como una visión nocturna, volvió a sus habitaciones un poco asombrado de encontrar las notas que había escrito todavía tangibles y visibles sobre su desordenada mesa.