El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo En un minuto Eudena vino apresurada a unÃrsele y los dos marcharon de la mano. Él se percató oscuramente del dolor que sufrÃa por el corte y la magulladura en la rodilla y escogÃa los caminos más fáciles. Pero continuaron todo el dÃa, milla tras milla a través de bosques y matorrales, hasta que finalmente llegaron a la tierra caliza, hierba en campo abierto con raros bosques de hayas, y abedules creciendo cerca del agua, y vieron mucho más cercanas las montañas del Wealden y grupos de caballos que pastaban juntos. Andaban cautelosamente, manteniéndose siempre cerca del matorral y a cubierto porque ésta era una región extraña —incluso los caminos eran extraños. El suelo iba elevándose de forma regular hasta que los bosques de castaños se extendieron amplios y azules bajo ellos y las marismas del Támesis brillaban plateadas arriba en la lontananza. No vieron hombres porque en aquellos tiempos los humanos sólo acababan de llegar a esta parte del mundo y no se movÃan sino muy lentamente a lo largo de las cuencas de los rÃos. Hacia el final de la tarde volvieron a dar con el rÃo, pero ahora corrÃa por un desfiladero entre altos acantilados de caliza blanca que a veces sobresalÃan por encima de él. Acantilados abajo, habÃa una mata de abedules con muchos pájaros. Y en la parte de arriba del acantilado habÃa una pequeña plataforma junto a un árbol hasta la que escalaron para pasar la noche.