El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Andú, el enorme oso de las cavernas, que vivía en la cueva garganta arriba, no había visto nunca un hombre en toda su sabia y respetable vida hasta que en una ocasión en mitad de la noche, cuando estaba merodeando garganta abajo por el borde del acantilado, vio el resplandor del fuego de Eudena en el saliente, y a Eudena roja y resplandeciente y a Ugh-lomi con una gigantesca sombra que le imitaba sobre el blanco acantilado, yendo de acá para allá, agitando la mata de pelo y ondeando el hacha de piedra —la primera hacha de piedra— mientras cantaba la muerte de Uya. El oso de las cavernas estaba lejos garganta arriba y lo vio todo de forma sesgada y a mucha distancia. Estaba tan sorprendido que se quedó completamente quieto sobre el borde, aspirando el novedoso olor a helechos ardiendo y preguntándose si la aurora no estaba saliendo por el sitio equivocado. Era el señor de las rocas y de las cuevas, era el oso de las cavernas, al igual que su hermano más pequeño, el oso pardo, era el señor de los espesos bosques de abajo, y como el león moteado —el león en esos tiempos tenía motas— era el señor de los arbustos de espino, de los cañaverales y de las llanuras abiertas. Era el mayor de todos los carnívoros. No conocía el miedo, nadie se alimentaba de él, y nadie le presentaba batalla, sólo el rinoceronte le superaba en fuerza. Hasta el mamut evitaba su territorio. Esta invasión le dejó perplejo. Observó que estas nuevas bestias tenían forma de monos y escaso pelo como los cerdos jóvenes.