El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Y así llegó el miedo y todo el encanto de la primavera desapareció de sus vidas. Cinco ya habían desaparecido de la tribu, y cuatro noches añadieron tres más a la cifra. La búsqueda de comida perdió interés, ninguno sabía quién sería el siguiente, y todo el día las mujeres trabajaban, incluso las favoritas, amontonando desechos y palos para los fuegos nocturnos. Y los cazadores apenas si cazaban: en la cálida primavera el hambre volvió como si todavía fuera invierno. La tribu podía haberse marchado de haber tenido un jefe, pero no tenían jefe y nadie sabía adónde ir para que el león no los siguiera. Así que el viejo león engordó y dio gracias al cielo por la amable raza de los hombres. Dos de los niños y un joven murieron mientras hubo todavía luna nueva, y luego fue la apergaminada vieja cuidadora del fuego la primera que se acordó en sueños de Eudena y de Ugh-lomi y de la forma en que habían matado a Uya. Todos los días de su vida había vivido con miedo a Uya y ahora vivía aterrada por el león. Que Ugh-lomi pudiera matar a Uya para siempre —Ugh-lomi a quien ella había visto nacer— era imposible. Ése era Uya buscando todavía a su enemigo. Y luego tuvo lugar la extraña vuelta de Ugh-lomi, un maravilloso animal al que se veía galopar a lo lejos al otro lado del río, que de repente se transformó en dos animales: un caballo y un hombre. Siguió a este portento la visión de Ugh-lomi en la orilla opuesta del río… Sí, para ella estaba todo claro. Uya los estaba castigando porque no habían perseguido a Ugh-lomi y a Eudena.