El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo He aquà algunos de los secretos de la taxidermia. Me los contó un taxidermista en estado de euforia, entre el primero y el cuarto whisky, cuando se ha dejado de ser cauteloso y todavÃa no se está borracho. Estábamos sentados en su guarida, exactamente en la biblioteca, que era a la vez sala de estar y comedor. Una cortina de cuentas la separaba, por lo que al sentido de la vista se refiere, del maloliente rincón donde ejercÃa su oficio.
Estaba sentado en una hamaca y, con los pies, en los que llevaba puestas, a modo de sandalias, las reliquias sagradas de un par de zapatillas, daba golpecitos a los carbones que no ardÃan bien o los quitaba de en medio poniéndolos sobre la chimenea, entre la cristalerÃa. Los pantalones, dicho sea de pasada pues no tienen nada que ver con sus triunfos, eran del más horrible amarillo de tela escocesa, de los que hacÃan cuando nuestros padres llevaban patillas y habÃa miriñaques en el paÃs. Además tenÃa el pelo negro, la cara rosada y los ojos de un marrón fiero, y su chaqueta consistÃa fundamentalmente en grasa sobre una base de pana. La pipa tenÃa una cazoleta de porcelana con las Tres Gracias, y llevaba siempre las gafas torcidas de forma que el ojo izquierdo, pequeño y penetrante, le fulminaba a uno desde su desnudez, mientras que el derecho aparecÃa oscuro, engrandecido y suave a través del cristal.
Se expresaba en los siguientes términos:
