El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Esa noche, después de la segunda sesión, Denton fue con Blunt a unas zonas abovedadas, en desuso y llenas de lodo, por el Puerto de Londres para aprender los inicios del elevado arte del pugilismo tal y como había sido perfeccionado en el gran mundo de los bajos fondos: cómo golpear o patear a un hombre para hacerle un daño atroz o para que se sintiera horriblemente mal, cómo golpear o patear de forma vital, cómo utilizar el cristal en los propios vestidos a modo de porra y sembrar una ruina total con diversos instrumentos caseros, cómo anticipar y destruir las intenciones del adversario desviándolas en otras direcciones… De hecho, todas las agradables artimañas que habían cobrado auge entre los desheredados de las grandes ciudades de los siglos XX y XXI fueron desplegadas por un representante bien dotado para el aprendizaje de Denton. Blunt perdió la timidez con el avance de la instrucción y desarrolló cierta dignidad de experto, una especie de consideración paternal. Trató a Denton con la máxima consideración propinándole sólo algún golpecito de vez en cuando para mantener vivo el interés y riéndose a carcajadas de un feliz puñetazo de chiripa que le cubrió la boca de sangre.
—Nunca me he cuidado de la boca —dijo Blunt admitiendo un fallo—. Nunca… Parece que no importa que le den a uno un golpe justo en la boca, así, no si se tiene una buena barbilla. El sabor a sangre me sienta bien. Nunca. Pero será mejor que no te dé más golpes.