El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo En pocos dÃas Bailey empezó a reconocer algunas embarcaciones, en una semana se sabÃa la historia Ãntima de media docena. La lancha Luzón, de la empresa Fitzgibbon, dos millas más arriba, pasaba apresuradamente hasta tres o cuatro veces al dÃa, muy llamativa con su colorido rojo azulado y amarillo y con sus dos ayudantes orientales; y, un dÃa, para gran diversión de Bailey, el barco-vivienda, Emperador de Púrpura, se detuvo fuera y desayunaron con la familiaridad más desvergonzada. Después, una tarde, el capitán de una lenta barcaza empezó una bronca con su mujer según entraban en el área de visión por la izquierda, y la habÃa llevado hasta la violencia personal antes de desaparecer detrás del marco de la ventana por la derecha. Bailey consideraba todo eso como un entretenimiento montado para distraer su enfermedad y aplaudÃa todos los incidentes más conmovedores. La señora Green, cuando entraba a infrecuentes intervalos con las comidas, le sorprendÃa batiendo las palmas o llorando silenciosamente. ¡Más, más! Pero los actores del rÃo tenÃan otras cosas que hacer y su más, más pasaba inadvertido.
—Nunca hubiera pensado que me tomarÃa tanto interés en cosas que no me conciernen —dijo Bailey a Wilderspin, quien acostumbraba entrar a su manera, nerviosa y amable, para tratar de consolar al enfermo dejándole hablar.