El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo —Pintura —dice que dijo—, justo la pintura de un organillero, un puro retrato. Si fuera un organillero vivo no me importarÃa. Pero en cierto modo nunca hago cosas que tengan vida. Me pregunto si tendré mal la imaginación. Éste también tiene un aire auténtico. Tiene mal la imaginación.
»¡El toque creador! ¡Coger un lienzo y pigmentos y hacer un hombre —como fue hecho Adán de ocre rojo! ¡Pero esto! Si te lo encontraras caminando por las calles sabrÃas que no era más que un producto de taller. Hasta los niños dirÃan que lo lleven a enmarcar a Garnome. Un toquecito… Bueno… No servirá tal como está.
Fue hasta las persianas y comenzó a bajarlas. Estaban hechas de holanda azul con los rodillos de enrollar al fondo de la ventana, asà es que se bajaban para tener más luz. Recogió de su mesa la paleta, los pinceles y el bastón. Luego volvió al cuadro y puso una pizca de marrón en la comisura de la boca y de ahà trasladó su atención a la pupila del ojo. Después decidió que la barbilla era un pelo demasiado imperturbable para una Vigilia. Al poco posó los utensilios y, encendiendo una pipa, inspeccionó los avances de la obra.
—Que me cuelguen si no se está burlando de mà —comentó Harringay, y todavÃa cree que se burlaba.